La masculinidad en el cine

LA MASCULINIDAD EN EL CINE

 

masculinidad en el cineEn la entrada anterior nos centrábamos en los estereotipos de género desde una manera global. Expusimos cómo el cine mostraba a hombres y mujeres de diferentes formas. Sin embargo, en la entrada de hoy vamos a profundizar en los hombres. Vamos a tratar la masculinidad en el cine.

 

Cuando realicé mi TFG sobre la masculinidad en el noir tuve antes que hacerme otras preguntas , que nos haremos aquí. Preguntas como ¿qué es la masculinidad? ¿cuáles son los estereotipos asociados al hombre? ¿cómo se ha representado la masculinidad en el arte?

 

CONCEPTO DE MASCULINIDAD

 

Este primer apartado del trabajo tiene como objetivo responder a la pregunta de qué es la masculinidad y qué rasgos se asocian a ella para entender las diferencias que se han establecido entre hombres y mujeres- Dichas diferencias han derivado en los estereotipos que hoy en día asociamos a los hombres. Estos estereotipos conformarán la base sobre la que se crean los personajes de las películas. De los hombres que nos muestra el cine.

 

 

Valcuende del Río en su obra ​Hombres, La construcción cultural de las masculinidades (2003) se refiere al significado que tradicionalemente se le ha dado a la masculinidad como el conjunto de cualidades asociadas al sexo masculino. Unas cualidades conformadas por una naturaleza y transformadas por una cultura, las cuales crean un hombre en contraposición a la mujer. El mismo Valcuende del Río resume que lo que se entiende por masculinidad es “Todo lo que no tiene que ver con las mujeres

 

 

masculinidadValcuende del Río nos habla que tradicionalmente se entendía masculinidad como algo ligado a la biología, al cuerpo y sus características opuestas a lo femenino.La concepción tradicional de que la naturaleza ha dotado al hombre de unas cualidades que lo legitiman para ostentar el poder ha legitimado una visión dominante de la masculinidad. Dicha visión, cuyo origen se encuentra en las características de los cuerpos, se extiende a todos los campos de los social, como el trabajo y las relaciones sociales.

 

 

Sin embargo, numerosos autores han negado el modelo de la masculinidad a la naturaleza. Han optado por una visión de la masculinidad histórica y cultural, que se diferencia del modelo tradicional por su carácter cambiante y diverso. Estos autores exponen que el significado de la masculinidad varía según la cultura y la época que se estudie. Exponen que la masculinidad es construida por la cultura.

 

 

Un ejemplo de estos autores es el antropólogo Marvin Harris, quien divulgó sobre los roles de sexo con relación a la cultura en su obra ​Cultural Anthropology (1983). Harris trata de dar una definición cultural de lo masculino y dejar atrás el debate de si los rasgos asociados a hombres y mujeres son fruto de su naturaleza humana o si son el efecto de un condicionamiento cultural. En sus estudios,  expone el origen cultural de algunos rasgos que antaño se asociaban a la naturaleza masculina. Estas son la agresividad, el carácter guerrero y el poder político, religioso y sexual.

 

 

Harris expone que, a pesar de que hay culturas en las que las características que se han definido en occidente como masculinas no se cumplen, estas son una minoría en comparación con el resto de culturas en las que los hombres tienden a ser más agresivos que las mujeres y a ostentar el poder. La agresiva personalidad masculina está asociada, en opinión de Harris, a un rol dominante de los hombres sobre las mujeres en distintos apartados de la vida social, como se da en la esfera política. Harris (1983) expresa esta idea de la siguiente manera:

 

“(…) los hombres siempre han ocupado los más importantes centros de control y poder público. Son los cabecillas y no las cabecillas los que dominan tanto la redistribución imaginaria como la estratificada. Los cabecillas semai y mehinaku, los mumis de las islas Salomón y los <<grandes hombres>> de Nueva Guinea, los jefes de la piel de leopardo de los nuer, los jefes kwakiutl, trobriandeses y tikopia; el mukuma de los bunyoro, el inca, el faraón y los emperadores de China y Japón muestran la misma preeminencia masculina”.

(Harris, M., 1983:.462).

 

 

cura en misaMarvin Harris (1983) continúa su divulgación sobre la supremacía cultural masculina con el apartado de la religión y la política sexual. En la mayoría de culturas los hombres se creen espiritualmente superiores a las mujeres y, con frecuencia, estas se encuentran excluidas de las principales fuentes de poder religioso. “Rara vez toman parte ( las mujeres) en las búsquedas de visiones que confieren a los varones la seguridad necesaria para ser agresivos y matar con impunidad” (Harris,M, 1983, p.467).

 

 

Esta idea de la superioridad masculina en las cuestiones religiosas también se da en las religiones de tipo eclesiástico, donde las sacerdotisas de alto rango son una excepción muy minoritaria. A día de hoy, los hombres todavía dominan la organización eclesiástica de las religiones con más seguidores en el mundo occidental: el judaísmo, el cristianismo y el islam.

 

 

Harris también intenta explicar cómo la supremacía cultural masculina también está asociada a la guerra. No hay que ser un experto en antropología para saber que, en el combate preindustrial, ganan los más fuertes. “Los hombres gozan de una ventaja física sobre las mujeres en lo que atañe a la fuerza con la que pueden manejar una maza (…) ( Harris,M., 1983, p.473).

 

 

guerrero masculinidadLas poblaciones que pudiesen mantener a un máximo número de hombres fuertes y entrenados tenían mayores posibilidades de ganar una guerra. Esto se lograba manteniendo a raya la presión demográfica de los recursos. Lo que Harris sugiere, es que esto se conseguía criando de forma preferente a los niños y tratar de forma negligente a las niñas, con lo que se caía en el infanticidio de niñas para evitar el crecimiento masivo de la población.

 

 

Una de las tácticas para entrenar a los varones en la agresividad del combate era asociar las relaciones sexuales y el matrimonio con la temeridad y agresividad de combatiente (Harris, 1983). Dado a que el trato preferente a los hombres desde la infancia resultaba en una escasez de mujeres, los hombres competían por ellas en una tendencia a la poliginia. Esto, según Harris, hacía que los más fieros y fuertes tuviesen más de una esposa y se provocará la hostilidad entre los propios hombres y el desarrollo de la agresividad provocado por los celos.

 

 

Con esta explicación se desmonta la teoría freudiana de que la agresividad y celos masculinos eran instintivos, pues, en realidad, son causados por la guerra al estar determinada por tensiones tan diferentes como las ecológicas, las políticas y las económicas. Como bien expone Harris:

 

 

“Donde quiera que el objetivo de las instituciones de educación infantil sea producir varones agresivos, manipuladores, valientes, viriles y dominantes, es inevitable alguna forma de hostilidad cargada de sexualidad entre los más jóvenes y los de más edad. Pero esto no significa que el complejo de Edipo sea una expresión inevitable de la naturaleza humana. Más bién es un resultado predecible del entrenamiento que sufren los hombres a fin de ser combativos y <<masculinos>> (Harris,M. 1983:.477).

 

 

Con estos estudios, Harris cree desmontar la idea de la anatomía como el causante de los comportamientos de hombres y mujeres, así como de su destino. Harris es sólo uno de los muchos autores que defienden la masculinidad como una construcción social.

 

 

antropología culturalLos hombres no nacen con una tendencia a la guerra, al dominio sexual y político; mientras que las mujeres no han nacido con la tendencia a estar subordinadas a los hombres. Ha sido producto de las condiciones culturales y naturales la selección de ciertas especialidades ligadas al sexo. En el momento en que las condiciones demográficas, tecnológicas, económicas y ecológicas cambien, los roles de sexo también cambiarán.

 

 

De esta manera de entender la masculinidad nos habla el ya citado Valcuende del Río (2003). Esta masculinidad es un modelo ideal y dominante de masculinidad. Este ejemplo de hombre, conocido como “masculinidad hegemónica”, debe ser preservado en la sociedad para impedir que los varones se olviden de que sus funciones son las de mantener a la familia y ejercer el poder político. Se trata del ideal que marca el camino para llegar a ser un verdadero hombre y, cómo expone Valcuende del Río, “Constituye una auténtica carrera de obstáculos tanto a nivel interno como externo, una carrera de frustraciones que no tendrá final” (Valcuende del Río,J, et al., 2003: 14).

 

Este ideal de masculinidad está marcado por el poder, la heterosexualidad y el carácter excluyente que tiene sobre las mujeres y los hombres que no entran dentro de este ideal. Un modelo al que responden pocos hombres, pero el resto, los dominados lo interiorizan y siguen, asumiendo una posición de inferioridad.

 

Este modelo, del que después trataremos en profundidad, es el que se ha aplicado a los héroes de la mayoría de películas y obras de la cultura de masas, con los estereotipos asociados a ella: fuerza, dominación, agresividad y dominio sobre las mujeres y homosexuales. La figura de los hombres protagonistas que vemos en la mayoría de películas para el gran público siguen este modelo.

 

 

EVOLUCIÓN DE LA MASCULINIDAD HASTA LA SOCIEDAD INDUSTRIAL

 

La sociedad industrial es el contexto en el que se crean la mayoría de personajes masculinos del cine actual. Por eso conviene conocer cuál era el modelo de masculinidad en esa época y los cambios que sufrió debido a los acontecimientos históricos que tuvieron lugar en la primera mitad del siglo XX.

 

 

masculinidad edad mediaMilagros Rivera, en ​La diferencia sexual en la historia (2005), expone las ideas más básicas de los que se entendía por masculinidad desde los tiempos del medievo hasta la sociedad Industrial del siglo XIX.

 

Durante toda la época medieval, la forma mayoritaria de expresar la masculinidad era la heterosexualidad, la cual se expresaba a través de la virilidad. La virilidad es el conjunto de características tradicionalmente atribuidas a los varones, como la fuerza, el valor y la entereza. Esto se percibe a través de textos que establecen la superioridad del hombre sobre la mujer ,comenzando por sus cualidades físicas.

 

 

Se entendía que, el hecho de ser el varón más grande, veloz y fuerte, indicaría su dominio natural, una naturaleza contra la que no hay que rebelarse. “Añadían que el hombre es la parte más importante en la procreación humana: el semen sería el elemento activo, la mujer la parte pasiva” (Rivera, 2005:125).

 

 

A la superioridad física le acompañaba la intelectual, pues al hombre se le catalogaba como la parte racional de la humanidad, mientras que las mujeres representaban la parte sensible. Rivera cita al historiador americano Vern L Bollough, que en su obra ​On being a Male in the Middle Ages expone que el ideal de la masculinidad consistió en la triada “fecundar a la mujer, proteger a las personas dependientes y hacerse cargo del bienestar de la familia”, en una expresión constante de la virilidad.

 

 

 

La historia avanzó y con ella se sucedieron los cambios socioculturales. Durante la época Moderna sobresalió la ciencia y la técnica como modo de expresión de la diferencia de ser hombre (Rivera,2005:142-150).Triunfaría en Occidente un modelo de masculinidad de hombre profesional y racionalista. Este modelo provocó la resignificación de las tareas de producción y manufactura, unas tareas que habían sido propias de los esclavos y la clase más baja. Esta dignificación del trabajo sería fundamental en la sociedad industrial que estaba a punto de comenzar.

 

masculinidad en la edad moderna

 

Marvin Harris (1983) ha descrito con gran detalle los cambios culturales que se dieron en los Estados Unidos en la sociedad Industrial, sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial. Expone que, debido a los cambios infraestructurales acontecidos por el aumento de las mujeres en la población activa y las políticas de liberación de la mujer, las pautas de matrimonio, la organización familiar y los aspectos ideológicos y de comportamiento de los roles sexuales se vieron afectadas de forma considerable. Los cambios fueron tan rápidos y notables que los hombres se encontraron en una situación de vulnerabilidad al comprobar que el ideal de hombre procurador del sustento familiar se terminó.

 

“El desarrollo de la economía hiperindustrial de los servicios e información de los Estados Unidos ha tenido un gran efecto sobre la vida de familia de clase media. Después de la Segunda Guerra Mundial, las mujeres se incorporaron a la fuerza de trabajo en un número sin precedentes, ocupando puestos de trabajo en rápida expansión y de baja retribución en los sectores de servicios e información. A medida que la inflación barría la posibilidad de conseguir o mantener el estatus de clase media con los ingresos de sus maridos, las mujeres casadas comenzaron a incorporarse a la fuerza de trabajo. Su papel como receptoras de salarios estaba en conflicto con el de madres, subvirtió el imperativo tradicional marital y procreador y socavó la familia basada en el hombre como persona que procura el sustento. (Marvin Harris,1983: 585-586).

 

 

mujeres guerra mundialHarris no menciona otros condicionantes históricos como fueron los efectos de la Gran Depresión, que generó altas tasas de paro y criminalidad, o el rechazo de buena parte de la sociedad a las tropas que volvían del frente de batalla, que influyeron en la ruptura del ideal masculino. Dos factores que, por ejemplo, son claves para estudiar la misoginia del cine negro.

 

LA MASCULINIDAD A TRAVÉS EL ARTE

 

Dejando a un lado las características únicas de un medio de masas como es el cine, el arte ha mostrado un gran interés por la figura masculina a lo largo de la historia. ¿De dónde viene ese interés?

 

masculinidad en el arteUno de los primeros textos conocidos que abordan la representación del hombre a través de la actividad artística es la ​Poética de Aristóteles, cuya creación tuvo lugar durante el siglo IV a.C. En ella, Aristóteles, al igual que había su maestro Platón, considera al arte como mímesis, es decir, como imitación. A diferencia de Platón, Aristóteles considera al arte como medio que acerca el conocimiento a los seres humano. Concretamente, lo que Aristóteles considera como arte son las imitaciones de las acciones del hombre.

 

 

El filósofo expone en su obra que el gusto de los humanos por lo que él entiende por arte proviene del gusto de los humanos por imitar y aprender a través de la imitación:

“ (…) el imitar es connatural a los hombres desde niños y en esto difieren de los otros animales, en que el hombre es el más mimético/imitativo y adquiere los primeros aprendizajes a través de la mimesis/imitación, y todos se regocijan con las imágenes/imitaciones”

(Aristóteles, 1448 b 4-24).

 

 

Conviene preguntarse acerca de cómo se ha mostrado el hombre en el arte. El periodista Kenneth Best se basó en la exposición de arte ​Stark Imagery: The Male Nude in Art del museo William Benton en Connecticut, para analizar la masculinidad en su artículo “Exploring Masculinity Through Art” (2016) para la web ​UConn Today.

 

Best comienza con la mención de la figura de atletas musculosos pintados en las urnas griegas y la representación de los dioses mitológicos en el arte occidental para exponer la idea de un ideal masculino de hombre atlético, bello y musculoso. “ De hecho, el desnudo masculino fue una figura más frecuente en el arte que el desnudo femenino durante cientos de años, hasta principios del siglo XIX, cuando la moral victoriana influyó en el arte y la cultura” (K. Best, 2016: ).

 

 

masculinidad en el cineEste interés perdido resurgió a finales del siglo XIX, cuando se intentó reconducir la imagen de la masculinidad burguesa desde el hombre bien vestido y sentado en una oficina, hasta el hombre fuerte físicamente activo. El advenimiento de la cultura física y el realismo de la fotografía ayudaron a retomar el ideal del cuerpo desnudo y musculado en el arte que aún perdura en nuestros días.

 

 

A raíz de lo anterior parece haber un ideal de masculinidad que sufrido pocos cambios a lo largo de la historia. Quizá tenga que ver con ese ideal masculino hegemónico al que se hacía mención anteriormente, que impedía a los hombres alejarse de sus obligaciones para mantener a la familia y ostentar el poder. No obstante, esto es sólo una muestra de la cultura occidental. El arte, como la masculinidad, varía según el contexto en el que se desarrolle, por lo que es normal encontrar otras representaciones de hombres en el arte indio o egipcio.

LA MASCULINIDAD HEGEMÓNICA

 

Este punto ya fue tratado en la entrada de los estereotipo de género y al comienzo de la entrada. Sin embargo, es necesario volver a tratarla para entender los estereotipos que más se asocian con la masculinidad, y que vemos en el cine.

 

 

Masculinidad hegemónicaNumerosos estudios y trabajos han expuesto la existencia de la brecha de género y su relación con los estereotipos. Esta posición desigual en la que el hombre tiene una supuesta supremacía ha sido mencionada al principio de la entrada como ​masculinidad hegemónica. Entre los trabajos que tienen como protagonistas esta masculinidad hegemónica podemos destacar el artículo realizado en 2002 por el psicoterapeuta Luis Bonino “Masculinidad Hegemónica e identidad masculina”, el de Laura E. Asturias «Construcción de la masculinidad e identidades de género” (1997) y “La construcción social de la masculinidad: poder, hegemonía y violencia” (2012), de Nicolás Schöngut-Grollmus.

 

Este último expone cómo los estereotipos de género que diferencia a hombres y a mujeres tienen su origen en un proceso histórico de asignaciones de características y construcciones sociales para cada género, que, por medio de mecanismos de poder implícitos, han provocado dos consecuencias: La primera, apunta Schöngut (2012), es que estos estereotipos han provocado una serie de desigualdades entre los sexos. La segunda es que uno de los sexos ha quedado en una posición de jerarquía sobre el otro, que se encuentra en una posición secundaria y desvalorizada.

 

 

De aquí que se hable de una masculinidad hegemónica, en el sentido de hegemonía como lo exponía el teórico marxista Antonio Gramsci, “como una clase dominante controla aspectos fundamentales de la sociedad, introduciendo sus propias definiciones respecto a cuestiones significantes en ésta, que terminan convirtiéndose en ideas socialmente predominantes” ( Schöngut, 2012:44).

 

 

Bonino (2002), por su parte, expone el poder configurador de la masculinidad hegemónica al establecer una configuración de la conciencia, el cuerpo y la posición en la sociedad de los hombres, además de anular cualquier otro tipo de masculinidades:

 

 

“El poder configurador de la MH se hace evidente en la vida de los hombres contemporáneos no tanto en su discurso, sino en sus prácticas; no tanto en sus comportamientos aislados sino en su posición existencial, modo de estar e incapacidad para el cambio en lo cotidiano; no tanto en sus momentos estables, sino en las situaciones críticas; en su identidad representacional (imagen de sí) pero especialmente en la funcional (lo que hacen). Evidente también en su relación doméstica con las mujeres y en las señas de identidad de los movimientos de hombres mas convocantes. Y finalmente evidente en sus malestares expresados de modo homogéneo por muchos que, o bien no quieren identificarse con la MH o no pueden pero no la cuestionan”

(Bonino, Luis, 2002 : 8).

 

 

masculinidad hegemónica cine
James Bond, otro ejemplo de masculinidad hegemónica.

El ideal de masculinidad que se trató al principio de la entrada coincide con la Masculinidad Hegemónica que exponen estos trabajos. Esta es la representación social de la dominación masculina y la que ha configurado las prácticas sociales de los hombres en la longeva cultura patriarcal, caracterizada por el dominio de lo masculino y la subordinación de las mujeres, cuya persistencia en nuestra cultura occidental se debe al poder que tiene para naturalizar los mitos acerca de los géneros. La masculinidad hegemónica se convierte así en un estructurador de las identidades masculinas que atribuye al sexo masculino una serie de valores con los que hay que cumplir para ser el hombre ideal. Estos valores de la masculinidad hegemónica hacen, en las sociedades patriarcales, de guía para el desarrollo del niño hasta que es adulto .

 

Pero, tal y como se expone en el inicio de la entrada, la supremacía masculina, que tiene su origen en las sociedades preestatales, deja de tener sentido en una sociedad hiperindustrial, donde las mujeres se han establecido en la fuerza de trabajo y se ha subvertido el papel del hombre tradicional como persona que provee el sustento.

 

 

No obstante, la masculinidad hegemónica sigue existiendo, así como las brechas de género. ¿Por qué parece haber evolucionado tan poco? Bonino (2002) expone que esta masculinidad hegemónica se adapta al contexto social con pequeños cambios, siempre que se respeten ciertas creencias como la de valerse por sí mismo, el ser valiente, el respeto a la jerarquía y la superioridad sobre las mujeres y los hombres menos masculinos. Muchos de estos cambios se originan a partir de estos hombres menos masculinos, como el hecho de coger algunas de sus características y costumbres.

 

 

Un ejemplo de esto es el uso de cremas corporales y la depilación del cuerpo. El término ​metrosexual, acuñado en 1994 por el periodista Mark Simpson, describe una tendencia de la cultura física y la vanidad en varones heterosexuales que se apropian aspectos estereotípicamente asociados a la cultura homosexual.

 

 

Más difícil de entender es cómo se expanden estos estereotipos asociados a la masculinidad hegemónica en los más jóvenes, quienes han nacido en sociedades supuestamente igualitarias y lo han hecho después de la liberación de nuevas formas de sexualidad y el auge de los movimientos feministas. A esta pregunta respondió Laura E. Asturias durante una ponencia en el Foro ​Mujeres en Lucha por la Igualdad de Derechos y Justicia Social, en 1997.

 

 

estereotipos de género tvEsta ponencia fue recogida en forma de artículo por Carlos Lomas en el libro ​Los chicos también lloran: Identidades masculinas, igualdad entre los sexos y coeducación (2004). Asturias, L (1997) expone cómo se instala la masculinidad hegemónica en la identidad de los más jóvenes. A los niños se les enseña a ser hombres, impidiendoles mostrar sentimientos de ternura y dolor, a la vez que se les alienta para expresar la valentía y la agresividad.

 

 

La falta de hombres en el hogar, por motivos laborales u otros que impiden a los padres estar con sus hijos, también parece fomentar esta idea. La falta de los que Laura Asturias llama ​hombres sabios que enseñen a los niños acerca de sus propias debilidades y fortalezas, sumado a la falta de maestros en la escuela primaria, donde las mujeres constituyen un porcentaje mayoritario de docentes, hace que los niños no tengan ningún referente o modelo a seguir.

 

 

La activista Laura. Asturias da a conocer los que ella llama tres métodos de aprendizaje de la masculinidad, por el que todo niño pasa antes de llegar a ser hombres :

 

1-  El primero es a través de los medios de comunicación que, como hemos visto con anterioridad, tienen una penetración enorme en la sociedad occidental. Los niños de hoy en día pasan más tiempo mirando la televisión que con su padre. Las conductas que las televisiones transmiten son la de los estereotipos más básicos, que se llevan transmitiendo durante décadas. Hombres con iniciativa, protagonistas y que no dudan en usar la violencia, son las conductas que se ven en televisión y que después se ven en las escuelas.

 

 

2. La segunda forma que los niños tienen de aprender su masculinidad es a través de su compañía, en especial la de sus amigos. Los niños comparten más tiempo con personas de su edad que con adultos y, lo más común, es que estos grupos estén dominados por el más agresivo del grupo, el que desafía a la autoridad. Esta conducta acaba siendo aceptada como una masculinidad efectiva, pues el niño con una conducta violenta y agresiva termina consiguiendo lo que quiere.

3. El tercer método, el que considera el más peligroso, es mediante la reacción ante lo femenino. Es decir, interpretar como masculino lo ​no femenino. Es la manera más peligrosa de aprender la masculinidad porque se forma en el niño una actitud antagónica hacia las mujeres, lo que posibilita que la masculinidad hegemónica continúe impidiendo un avance hacia la igualdad.

 

estereotipos de género

Pero no sólo de esta tercera manera, sino también con las anteriores mencionadas, como la naturalización de los mitos asociados al género, se transmite una imagen estereotipada y muy limitada de la masculinidad. Los jóvenes asumen el ser hombres mediante un guión determinado que les impone ciertas actitudes que dan forma a la masculinidad hegemónica.

 

 

Unas actitudes que hacen de lo masculino el centro de la sociedad, donde impera el ​falocentrismo y la obsesión por el placer rápido, como el orgasmo masculino. Es interesante cómo relaciona la temeridad característica de la masculinidad hegemónica con la adopción de prácticas de riesgo, como es el sexo sin protección, que hacen del cuerpo de la mujer un campo de experimentación, donde el hombre hace lo que quiere.

 

LA MASCULINIDAD HEGEMÓNICA EN EL CINE

 

Este ideal de masculinidad está en en todas partes. El hombre protagonista, fuerte, superior a la mujer, ha sido el protagonista de la mayoría de películas realizadas en occidente.

 

Pensemos en las películas de aventuras. Donde un héroe como Indiana Jones era capaz de enfrentarse a él solo, con su físico e ingenio, a selvas, desiertos, nazis y pruebas templarias. Era un ligón, y no parecía estar atado a ninguna mujer, aunque ellas si parecían enamorarse de él (excepto la nazi, que es nazi y se la cuela). Quizá la película que cumple más con los estereotipos sea Indiana Jones y el templo maldito. Donde la mujer se muestra bastante tonta e inocente, y parece que sólo sirve para hacer reír al espectador y poner en apuros al héroe.

 

masculinidad en el cine

 

En los westerns es algo similar. Un vaquero que ha de enfrentarse a una gran prueba con valor, y después consigue a la chica. En Sólo ante el peligro, Gary Cooper es el héroe honesto y justo que debe hacer frente a los villanos, aunque eso le suponga la muerte y despedirse de su amada.

 

Hay excepciones, por su puesto. Como el personaje de Johnny Logan en Johnny Guitar, pero al final sigue siendo un hombre valiente y fuerte y, aunque vulnerable por sus sentimientos por el personaje de Vienna, al final es ella la que vuelve a él. Porque la salva, como no.

 

 

masculinidad hegemónica En las películas de acción no haría falta ni que poner ejemplos. En la actualidad se basan en un fórmula revientataquillas que se basa en armas, músculos, explosiones y mujeres hermosas. La saga Fast and Furious, la de Los mercenarios, la de Transformer. La gran mayoría de películas de superhéroes, incluso otras como Gladiator o la Máscara del zorro.

 

 

Hay excepciones, sí. Kill Bill, la isla de las cabezas cortadas, la mujer pirata, etc., pero es una cantidad muy chica comparada con las otras.

 

 

¿Qué pasa con las comedias? En las comedias románticas suele aparecer un hombre diferente. Más tímido, más real. Pensemos en las comedias sofistiadas, donde son hombres que hacen reír, incluso torpes. En las comedias de Woody Allen, donde el mismo hace de hombres torpes y débiles. Sí, es cierto, pero al final (no siempre, veamos Annie Hall), suele imponerse el final tradicional Hollywoodiense, con una boda o la consolidación de una relación tradicional. Se trata de mantener el Statu Quo.

 

 

Pero, supongo, es algo que debe gustar al público. Las bodas. A todos nos dolió el final de La La Land, pero estaba más cerca de la realidad que el final feliz.

 

En lo que se refiere al hombre y a la masculinidad hegemónica, el cine ha sido una herramienta para mantener el madelo tradicional. El hombre como héroe autosuficiente, del que depende una mujer. Pero, ¿quién no quiere ser un héroe? Quizá sea el modo que tengan los hombres de sentirse importantes, aunque eso suponga la transmisión de un modelo de hombre desfasado.

 

 

OTRAS MASCULINIDADES EN El CINE

 

 

La masculinidad hegemónica, como hemos visto, está muy presente en el cine. Lo que resulta interesante es descubrir otro tipo de hombres, de masculinidades, en la gran pantalla.

 

masculinidad en el cineEn anteriores artículos ya tratamos la identidad homosexual como otra forma de masculinidad. Ahora nos referimos a otros hombres, heterosexuales, que no encajen en el modelo de la masculinidad hegemónica. Pero, ¿podemos hablar de distintas masculinidades?

 

 

 

En el artículo «Las masculinidades en el cine: un acercamiento a Casa Vieja» para la revista de la Universidad de Almería Contribuciones a las ciencias sociales,  Gledymis Fernández Pérez (2011) nos dice que sí.

 

 

Teniendo en cuenta las referencias anteriores, por supuesto que existen diversas formas de plantearse la masculinidad. Así, en primer lugar, puede hablarse de la masculinidad hegemónica, aquella en la que los hombres son fieles herederos del patriarcado, detentan el poder y dominan a los grupos vulnerables; en segundo lugar, la masculinidad subordinada asociada a la homosexualidad; en tercer lugar, la cómplice que guardando estrecha relación con la primera, no alcanza la magnitud de esta; y en cuarto lugar la marginalizada, asociada a aquellos hombres que pertenecen a clases sociales o grupos étnicos subordinados. Sin embargo, la clasificación de las masculinidades no puede conducir a un análisis arbitrario y esquemático.

Fernández Pérez, G (2011)Las masculinidades en el cine: un acercamiento a Casa Vieja.

 

 

Sin embargo esta clasificación olvida un tipo de hombre mayoritario en las sociedades igualitarias y democráticas. Es una clasificación negativa y olvida a los hombres que abrazan el feminismo. Se trata del hombre que acepta la igualdad aunque eso suponga despojarse de privilegios tradicionales. Éste lo trataremos más adelante.  Veamos otras masculinidades.

 

 

MASCULINIDAD EN EL CINE NEGRO

 

 

masculinidad en el cineCuando realicé el trabajo sobre la masculinidad en el cine negro americano pude observar que no eran héroes al uso. Estos hombres estaban lejos del resto. Se trataba de hombres rechazados por la sociedad. Seres vulnerables que se veían seducidos por una femme fatale y arrastrados al camino del crimen y la ilegalidad.

 

 

 

A lo largo del trabajo se ha expuesto cómo la figura del héroe deja de seguir el modelo de héroes tradicional, y las pantallas se llenan de hombres que dan muestras de su inseguridad y vulnerabilidad al no ser capaces de adaptarse a la vida civil y pacífica, además de caer bajo la influencia de mujeres ​fatales que simbolizaban el nuevo protagonismo de la mujer y la destrucción del modelo tradicional de la familia. Se ha expuesto cómo la vulnerabilidad de los personajes se muestra de diferentes formas según sean personajes ​inocentes, transgresores, corruptos, poderosos o ​segundones. Lo que está claro es que abrieron las posibilidades de representación para los héroes al dotar de imperfecciones a los protagonistas.

Cuesta, A (2018) TFG: La masculinidad en el cine negro americano:Formas de representación de las actitudes y rasgos masculinos en el cine negro americano. Universidad de Granada.

 

 

Los hombres del cine negro podrían ser los marginados de los que hablaba Gledymis Fernández (2011), con un poco del tercer grupo, los cómplices. Y es que el grupo de los cómplices es el más difícil de encajar. ¿Qué es ser cómplice? Podríamos decir que es el hombre que, sin ser dominante, participa en la jerarquía y no impide un cambio hacia la igualdad.

 

 

Mientras realizaba el citado TFG hallé una enorme cantidad de información acerca de la igualdad de género. En uno de los artículos que leí exponía uno de los motivos por los que aún no era posible la igualdad a día de hoy. Y hablaba de los cómplices. Porque es muy cómodo para los hombres la desigualdad. Porque parte de los hombres aspiramos a ser el dominante. Aspiramos a esa masculinidad hegemónica. Y este es un aspecto que ha de cambiar si queremos una sociedad igualitaria.

 

 

UN NUEVO TIPO DE HOMBRE

 

Es cierto que hay un auge del movimiento feminista en la España de nuestros días. Es como si hubiese despertado. Pero ya hubo un tiempo en el que este movimiento dio un gran paso  consiguió cosas impensables hasta ese momento. Me refiero a la España de los 70 y 80. A la España de la Transición.

 

 

En el interesante e instructivo artículo «El país de los hombres perdidos. Personajes masculinos en el abismo en el cine español» Virginia Guarinos s habla del hombre que surge a raíz del fin de la dictadura y la liberación de la mujer. Nos dice que la característica común a estos hombres es el desconcierto.

 

 

muevas masculinidades en el cineEntre las películas que analiza se encuentra Solos en la madrugada (1978). El programa de radio que conduce el protagonista es una crónica satírica de la sociedad española. En la película los personajes se encuentran en plena transformación. El hombre tiene que hacer frente a un divorcio y a una relación con una joven de ideas nuevas que no le es fiel.

 

 

(…) el locutor es un hombre que se encuentra perdido. Sus esquemas educativos se derrumban y no sabe cómo reaccionar ante ello. No acepta, aunque intenta aparentarlo, que su mujer esté con otro hombre y con sus propios hijos (…) se decepciona cuando descubre que la joven no mantiene una relación en exclusividad con él. El amor no es para siempre y el compromiso no existe. Esa conclusión es la que lo conduce a sentir la soledad y replantearse la vida. La vida en pareja ya empieza a no ser el modo natural de organización social como hasta entonces le habían hecho creer. De nuevo, se contrasta entre la ideología propia, el deseo de libertades y la consecución y apoyo a la separación y el divorcio legal, y el enfrentamiento que supone vivirlo en la propia piel sin referentes cercanos y sin experiencias previas
en ello. Es el reflejo de la España que se debate entre lo que quiere ser y lo que realmente todavía es, el deseo de libertad y las consecuencias de la misma.

Guarinos, V (2015) «El país de los hombres perdidos«

 

 

Estos hombres podrían o no ser los cómplices de los que hemos hablado antes. Podrían serlo si no les queda más remedio que adaptarse a los cambios a la fuerza. Pero podrían ser el germen de un nuevo tipo de hombre, a quien la libertad le hizo replantearse la desigualdad de género.

 

 

De ese nuevo tipo de hombre habla Octavio Salazar en  La igualdad en rodaje: Masculinidades, género y cine. En el habla de cómo los hombres han de quitarse las máscaras del patriarcado. De profundizar en el significado y práctica de la igualdad para relacionarnos mejor con las mujeres.

 

 

Explica cómo el cine puede ser un arma de doble filo para el desarrollo de los hombres feministas:

 

En esta tarea, el cine puede sernos de gran utilidad en cuanto que ha sido siempre un escenario privilegiado para la recreación de tipos humanos, espejo mediante el que nos hemos visto a nosotros mismos y ventana por la que hemos mirado a los demás.

Salazar, O (2016). Masculinidades, género y cine. EL PAÍS

 

 

En el libro analiza algunas películas recientes en las que se muestra la crisis de la masculinidad en la sociedad patriarcal.Y servir de pretexto para criticar las desigualdades de las sociedades democráticas.

 

 

CONCLUSIONES

 

Hemos estudiado los atributos que se asocian con los hombres. La creación de una masculinidad cultural  su representación en el arte. Una masculinidad que respondía a las necesidades del momento. Necesidades que ya no existen en la actualidad. Una sociedad que evoluciona hacia una igualdad que hoy parece lógica, pero que hace tan sólo unas décadas ni se pensaba.

 

Los hombres mostrados en las películas han estado al servicio de lo que beneficiaba al sistema. La mayoría han aparecido como héroes. Hombres valientes, fuertes e inteligentes. Modelos de una masculinidad hegemónica y obsoleta a día de hoy. Sin embargo, la visión  negativa del héroe aparece cuando hace gala de una superioridad ante las mujeres. Y esto ha ocurrido y lo sigue haciendo. Es la visión tradicional de la masculinidad en el cine.

 

 

Al margen de esta masculinidad encontramos otras, con hombres más vulnerables, hombres que participan en la desigualdad a la espera de estar en la cumbre. Pero también hombres nuevos. Un nuevo tipo de hombre que puede rastrearse desde la Transición. Un hombre que abraza la igualdad, dispuesto a perder los privilegios que una sociedad desigual le ofrece. Hombres con las cualidades del héroe, pero sin el machismo tradicional que han poseído. Hombres que liderarán la historias del futuro, si es que no lo están haciendo ya.

 

Ángel Cuesta Bascón

Marzo 2019

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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