Las drogas en el cine

LAS DROGAS EN EL CINE

 

las drogas en el cine

 

 

La mayoría de películas tratan de mostrar la vida cotidiana. La realidad del día a día y sus conflictos. Son historias plagadas de realidad para que el espectador se identifique con ellas. Por desgracia o no, las drogas forman parte de nuestra historia, nuestra cultura y nuestra vida. Y el cine no iba a pasar por alto el juego que dan.

 

 

Las drogas pueden salvar o destrozar vidas. Además son muy versátiles, pueden ser usadas en películas con tramas de acción, policiales, comedias… Y estudiar su representación en el cine nos permite conocer como ha evolucionado nuestra relación con ellas. En la entrada de hoy estudiamos los estereotipos de las drogas, las drogas en el cine.

 

 

Nota: nos centraremos en las drogas ilegales más usadas. El tabaco y el alcohol, al ser aceptadas socialmente y jugar un papel muy importante en ciertos géneros cinematográficos, requerirían una mención aparte, pero se nombrarán y usarán como ejemplos.

 

 

Breve historia de la droga

 

 

las drogas en el cineLa droga es definida por la RAE como «Sustancia o preparado medicamentoso de efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno». Es decir, es sinónimo de medicamento. Por lo que no es de extrañar que los humanos las hayamos consumido desde milenios atrás.

 

 

Las drogas han permitido a los humanos a asomarse a una nueva realidad y calmar el dolor y la mente. Se han utilizado en ritos religiosos, y el avance de la ciencia permitió la purificación de los principios activos, con los que cambió el uso religioso por el social.

 

 

En efecto, la relación del ser humano con la droga es antigua. Se sabe que sobre el 3.000 a.C. ya se usaban los opiáceos. Por ejemplo, la hoja de coca en América, y el cáñamo en Asia.

 

 

 

Opio

 

 

Intensa fue la relación con el opio. Este es el jugo de la amapola, que tiene amplias funciones psicotrópicas.

 

 

flor de la amapla
Planta del opio.

La adormidera está representada en tablillas de arcilla de los sumerios. El papiro de Ebers, documento clásico de la farmacología egipcia, encontrado en 1873, y que data de la XVIII dinastía, del siglo XVI antes de Cristo, lo incluye entre 700 remedios y 800 recetas. Un bajorrelieve del siglo XI antes de Cristo muestra a un sacerdote egipcio inclinado sobre una durmiente, con un ramo de planta en la mano.

En La odisea(IV-5) se relata cómo a la llegada de Telémaco a Esparta reinaba la melancolía en la corte de Menelao, por la suerte de Ulises. «La bella Helena ordena entonces que se escancie el nepente en las copas y la sonrisa vuelve a los labios a medida que hace su efecto el filtro maravilloso que la hija de Zeus había recibido de la egipcia Polidamna».

Pedro Pinto Núñez (1998). «Las drogas en la historia». Revista Científica Salud Uninorte, Vol 13 (1998)

 

 

Los romanos tomaron el testigo de los griegos. De hecho, se habla del opio en la Eneida. Más tarde, en el Renacimiento, se difundió su uso de forma amplia gracias al cínico Paracelso. Décadas después, Tomás Sydenham crea el láudano, prescrito por los médicos hasta el siglo XX.

 

 


Guerras del opio

 

 

El comercio del opio fue tal que llevó a guerras. La más famosas se conocen como las guerras del opio, que enfrentó a británicos y chinos por el derecho a comerciar opio.

 

 

El barco británico Nemesis destruyendo los juncos de guerra chinos.

Los ingleses querían acceder al mercado chino para equilibrar su balanza comercial. Pero la diplomacia no pare­cía resultar efectiva. (…) Los comerciantes británicos pre­sionaron al gobierno de su país para que forzara a los chinos a abrirse a los productos de Gran Bretaña.

Para lograrlo, recurrieron al tráfico de opio. La adormidera, planta de la que se extrae el opio, se cultivaba en distintas zonas de India y se pro­cesaba en factorías de la Compañía de las Indias Orientales. El opio era adquirido por comerciantes británicos que operaban en Cantón. Una vez en la ciudad, los mercaderes hong, que sacaban su propia tajada del negocio, lo distri­buían al interior del país a través de una decena de puertos.

Su contrabando y consu­mo se expandieron por todo el territo­rio con rapidez.

La popularización del consumo de opio comportaba serios problemas tanto por el elevado número de adictos como por el déficit comercial frente a Inglaterra. Ante esta situación, el imperio asiático optó por soluciones domésticas, sin importarle la reacción del mundo exterior. Un error de cálculo que acabaría costándole caro.

CARLES PADRÓ SANCHO (2019). «La primera guerra del opio». lavanguardia.com

 

 

Las autoridades chinas tomaron medidas como la expulsión de los mercaderes y destruyeron miles de cajas con droga. Esto llevó a una respuesta del guerra por parte del gobierno británico. Una guerra que terminó con la derrota china, a la que se le obligó a abrir algunos de sus puertos al comercio y a legalizar la venta del opio.

 

 

 

 

Estas guerras resultaron de vital importancia para el desarrollo chino en un futuro. Al igual que sucedió con Japón cuando se vio obligada a abrir sus puertos  y a modernizarse, China se cuestionó la eficacia de sus tradiciones.

 

 

El orgullo ancestral de los chinos quedó hecho añicos, dejaron de creerse el centro del universo y comenzaron a hacerse preguntas. Había todo un mundo ahí fuera que los chinos ya no podían permitirse el lujo de seguir ignorando. Existían avances tecnológicos que habían puesto a los occidentales en posición de ventaja, tanto desde el punto de vista bélico como desde el punto de vista industrial. Si querían sobrevivir ya no bastaba con creerse superiores; había que trabajar para, al menos, estar en igualdad de condiciones. Empezaron a surgir en China movimientos que abogaban por la modernización del país y por el abandono de las tradiciones más paralizantes. El siglo XIX fue para China una transición entre la Edad Media y una modernidad que todavía no conseguían comprender, pero que supieron que necesitaban adoptar.

E. J. Rodríguez (2019). «Las guerras del Opio: cuando el gigante chino despertó de su letargo». jotdown.es


 

 

En el siglo XIX el tratamiento del opio permitió la aislación de la morfina, mucho más potente. De ésta se creó la primera droga semisintética, la heroína, con un potencial destructivo nunca antes conocido. Fue comercializada por Bayer como tratamiento para quitarse de la morfina, pero su poder de adicción es mayor y acabó por crear un gran problema de adicción que se ha alargado en el tiempo. Por ejemplo, aún se recuerda la epidemia de heroína entre los años 70 y 90 del siglo XX, que afectó a países occidentales como España, Italia y la RFA.

 

Las drogas en el cine

 

 

Este era una noticia de la época:

 

 

Dos personas mueren diariamente, por heroína en Alemania Federal

Dos personas mueren, por término medio, diariamente en la República Federal de Alemania como consecuencia de una sobredosis de heroína. La prensa ya no recoge la macabra crónica de jóvenes encontrados muertos en retretes públicos y en portales retirados. Las estadísticas lo establecen sin contestación: el consumo de heroína es en la República Federal, con mucho, el más alto de Europa.

EL PAÍS (1979). «Dos personas mueren diariamente, por heroína en Alemania Federal».

 

 

 

Cocaína

 

 

Las acciones sociales y policiales mejoraron la situación. En España son conocidas las operaciones destinadas a desmantelar el narcotráfico gallego. En especial la Operación Nécora.  La serie de televisión Farinha (2018) se centra en el auge del narcotráfico gallego durante los 80.

 

 

Sin embargo, España sigue en el podium europeo de los países que más cocaína consumen. Esta es una droga muy estimulante, cuyo consumo se puede rastrear hasta el 5.000 a.C.

 

 

La planta de la coca crecía de forma silvestre hasta que, en el siglo X, los indígenas colombianos empezaron a cultivarla. La planta se usaba en rituales incas, y como método para paliar los efectos de la fatiga, el hambre y el mal de altura.

 

 

Planta de la coca.

Los colonos españoles tuvieron que quedarse maravillados con los efectos de la planta. En 1750 se exportaron los primeros arbustos a europa, y hasta 1902 no se sintetizó la cocaína como tal.

 

 

El uso de la cocaína era muy amplio. De hecho, a finales del siglo XIX se usaba la droga para paliar la dependencia a la heroína. El propio Sigmund Freud tiene una obra sobre la misma: Über Coca. En él se da una visión inofensiva de la droga, de la que luego se tendrá que retractar.

 

 

Esta visión inocente de una droga tan dañina se puede ver en el personaje de Sherlock Holmes, el cual se inyecta cocaína al comienzo de la segunda novela de Doyle, El signo de los cuatropara lidiar con el aburrimiento.

 

 

Sherlock Holmes extrajo un frasco de un anaquel y la jeringa hipodérmica de su estuche. Con sus dedos largos, blancos y nerviosos, ajustó la delicada aguja y se enrolló la manga izquierda de su camisa. Durante un momento sus ojos se apoyaron pensativamente en su brazo nervudo, lleno de manchas y con innumerables cicatrices, causadas por las frecuentes inyecciones. Finalmente se introdujo la aguja delgada, presionó el pequeño pistón, se la sacó, y se dejó caer en un sillón forrado de terciopelo, con un profundo suspiro de satisfacción.

Tres veces al día, durante muchos meses, había sido yo testigo de este espectáculo, pero, a pesar de ello, no me resignaba a seguir viéndolo. Por el contrario, día con día me sentía más irritado a su vista. El remordimiento me quitaba el sueño al pensar que me faltaba valor suficiente para protestar. Una y otra vez me había prometido abordar aquel tema escabroso, pero había algo en el aire frío y tranquilo de mi compañero, que me impedía decidirme a hacerlo. Sus facultades casi adivinatorias, su disciplina mental y sus cualidades extraordinarias, me inhibían y me hacían sentir inferior y torpe.

Sin embargo, aquella tarde, sea a causa del vino que había tomado en el almuerzo, o a la exasperación que me produjo su actitud exageradamente deliberada, sentí que no podía resistir más tiempo.

-¿Qué es ahora? -pregunté-. ¿Morfina o cocaína?

Levantó los ojos lánguidamente del viejo volumen recubierto de negro que había abierto.

-Es cocaína -me dijo-, una solución al 7 por ciento.

Arthur Conan Doyle (1894). El signo de los cuatro. Disponible en ciudadseva.com

 

 

Incluso la popular bebida Coca-Cola contenía hojas de coca en su receta original. Por suerte, al comprobarse su peligrosidad y capacidad de adicción, a lo largo del siglo XX se ha prohibido en todos los campos médicos, y se lucha contra el narcotráfico de la misma.

 

 

Marihuana

 

 

El cannabis es una de las drogas que más debate ha producido en los últimos años. En países como Uruguay , Canadá y algunos estados de Estados Unidos han legalizado su comercio regulado.

 

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En países en los que aún es ilegal, los que abogan por su legalización exponen el potencial económico de la marihuana. Otros, ven en el cannabis una medicina más. Una ayuda contra el dolor y la epilepsia.

 

 

No obstante, la marihuana ha demostrado ser una droga con potenciales efectos negativos para el cuerpo humano. Sobre todo para el cerebro. Se sabe que aumenta el riesgo de depresión en adolescentes y el de brotes psicóticos.

 

 

Es conocido que la cannabis produce cuadros tóxicos, estados paranoides, depresivos y maníacos; alteraciones motoras, dismetrías, retardo en la percepción de alarmas y de órdenes, y el llamado síndrome motivacional, consistente en indiferencia y apatía. Además, modifica la memoria, con amnesias transitorias. Altera el sistema inmunológico, y hay indicios de que causa daño genético irreparable.

Los alquitranes de la marihuana, inhalados con su humo, son más carcinogénicos que los del tabaco.

Pedro Pinto Núñez (1998). «Las drogas en la historia». Revista Científica Salud Uninorte, Vol 13 (1998)

 

 

 

La planta de la marihuana, la cannabis sativa, era conocida milenios antes de Cristo en Asia y en los ahora países islámicos, donde son el narcótico más importante.

 

 

De hecho, durante la Edad Media el hachís se usó como arma política. Se cree que la secta de los nizaríes o hassassins usaba esta droga para narcotizar a sus seguidores y hacerles creer que vivían en un paraíso.

 

 

hashshashín
Representación medieval de Hasan ibn Sabbah, jefe de los Hashshashín.

Eran muy pocos en número, pero lograron sembrar el terror entre sus enemigos al especializarse en la guerra asimétrica, antecedente del actual terrorismo. Sus soldados se dedicaban a cometer asesinatos o atentados específicos contra los líderes de sus enemigos, y de esa forma sembraban el terror.

¿Cómo conseguía El Viejo de la Montaña que sus soldados le fueran fieles? El 4 de septiembre de 1090 esta secta se apoderó de la fortaleza de Alamut (el nido del águila), situada en la cima de una montaña cerca de Qazvín, en el actual Irán. Según cuenta la leyenda, su estrategia de formación de soldados era un poco especial. Secuestraba a niños y jóvenes que eran drogados con hachís. Cuando despertaban se encontraban en los jardines de la fortaleza, rodeados de todo tipo de lujos, placeres terrenales y droga. Después de un tiempo eran devueltos a sus celdas. Les contaban que habían estado en el paraíso y que si querían volver a él tendrían que luchar y morir por su fe. Con lo cual se convertían en fanáticos guerreros. La exitosa saga de videojuegos convertida en película Assassin’s Creed basa su trama argumental en esta ¿leyenda o realidad?

 

 

 

 

Los primeros estudios serios sobre la droga se realizaron en las campañas napoleónicas en Egipto. Después de unos años, en Francia se hizo muy popular. Artistas, médicos, literatos y otros personajes de renombre consumieron marihuana de forma recreativa. Más aún, un grupo de artistas franceses crearon el Club des Hashischins. Este club reunía a una serie de personajes célebres que experimentaban con las drogas, en especial con el hachís y el opio. Entre sus miembros se encontraban Teófilo Gautier, Honoré Balzac y Charles Baudelaire, entre otros.

 

 

 

LSD

 

 

La dietilamida del ácido lisérgico fue sintetizado a mediados del siglo XX por Albert Hofmann. Éste científico suizo experimentó en persona los efectos del ácido que recogió en unas notas.

 

las drogas en el cine
Ilustración de Hector De La Vallée (@hector_de_la_vallee)

 

 

(…) decidió ingerir con un poco de agua una cantidad que le pareció minúscula de aquella sustancia, 250 microgramos (0’00025 gramos), para experimentar en persona sus efectos. A los 40 minutos anotó en su cuaderno: «Comienzan los efectos. Ligero mareo, sensación de ansiedad, alucinaciones visuales, síntomas de parálisis, deseo de reír». A partir de ahí no pudo seguir escribiendo.

Asustado, Hofmann decidió regresar a casa en bicicleta (en plena guerra mundial, apenas había coches) y pidió al ayudante del laboratorio que lo acompañara. Días después informó a sus jefes: «Al volver en bicicleta mi estado empezó a ser peligroso. Todo lo que había en mi campo de visión se movía distorsionado, como si se reflejara en un espejo curvo. También tuve la sensación de no poder moverme, aunque mi asistente me dijo después que habíamos pedaleado a una buena velocidad. Finalmente llegamos a casa sin problemas, y solo fui capaz de decir a mi acompañante que llamara al médico y pidiera leche a los vecinos». El galeno no apreció enfermedad alguna, salvo dilatación de las pupilas, mientras la vecina que le proporcionó la leche le pareció que “ya no era la señora R., sino una bruja malévola con una máscara de colores”.

A partir de ahí, el pánico que embargaba al científico, quien llegó a pensar que estaba muriendo, fue atenuándose y «dejó paso a un sentimiento de felicidad y gratitud». Añadió: «En ese momento comencé a disfrutar de los colores y las formas, que veía con los ojos cerrados. Surgían fantásticas imágenes caleidoscópicas muy variadas, abriéndose y cerrándose en círculos y espirales, explotando en forma de manantiales llenos de colores, recomponiéndose y mezclándose, todo en un flujo constante». Y al día siguiente: «Cuando salí al jardín, donde lucía el sol después de haber llovido, todo brillaba con una nueva luz. Parecía como si el mundo estuviese recién creado. Mis sentidos vibraban en un estado de gran sensibilidad que se prolongó todo el día».

Miguel Delibes de Castro (2018). «Día de la bicicleta o el doble viaje del Dr. Hoffmann». elpais.com

 

 

Hoffmann acababa de realizar el primer viaje de LSD de la historia. El ácido fue una de las drogas que más presentes estuvieron en el movimiento Hippie en los 60. Muchas de las drogas psicodélicas influenciaron a los músicos de la época, los cuales crearon el rock psicodélico, con bandas como Jefferson Airplane o The Doors como exponentes

 

 

Cornezuelo de centeno.

El LSD es un compuesto que se puede preparar a partir del cornezuelo del centeno (un hongo).  En la actualidad se estudian sus posibles usos medicinales, pues parece ser que podría usarse como tratamiento para la ansiedad y para la depresión. No obstante, a pesar de que los científicos no la consideren tan adictiva como el resto de drogas aquí comentadas además del tabaco y el alcohol, se trata de una droga psicoactiva muy potente, con un potencial dañino muy importante.

 

 

Aparte de las horribles sensaciones de un mal viaje, el LSD puede tener efectos negativos en el cerebro:

 

 

El LSD puede dañar el cuerpo de diferentes maneras y puede llevar a padecimientos como:

  • Aumento en el ritmo cardíaco, la presión sanguínea, la frecuencia respiratoria y la temperatura corporal
  • Insomnio, inapetencia, temblores y sudoración
  • Problemas mentales que incluyen ansiedad, depresión y esquizofrenia
  • Algunos usuarios de LSD tienen escenas retrospectivas. Esto sucede cuando partes de una experiencia con drogas, o viajes, regresan, incluso sin usar la droga de nuevo. Las escenas retrospectivas, conocidas en inglés como flashbacks, suceden en momentos en los que aumenta el estrés. Las escenas retrospectivas tienden a suceder con menor frecuencia e intensidad luego de suspender el uso del LSD. Algunos usuarios que tienen estas experiencias frecuentemente tienen dificultades para vivir su vida cotidiana.

Uso de sustancias – LSD. Medline Plus.

 

 

 

Anfetaminas

 

las drogas en el cineLa anfetamina se obtiene como derivado químico de la efedrina. Ésta última se trata de una sustancia que se puede encontrar en algunas plantas que eran usadas en la medicina tradicional china para estimular el sistema nervioso.

 

 

Se sintetizó por primera vez a finales del siglo XIX y, a lo largo del siglo XX ha sido utilizada en actividades que requerían combatir la fatiga como en operaciones bélicas.

 

 

Los nazis usaron una metanfetamina llamada Pervitin. Según explica el historiador James Holland, los científicos alemanes experimentaron con ella antes de la guerra, administrándosela a estudiantes para ver cuánto tiempo podían estar despiertos y seguir rindiendo correctamente en los exámenes. Pero, además, se comercializaba como un “estimulante recreativo” durante los años 30.

En la Segunda Guerra Mundial se administró el Pervitin a los soldados de primera línea, pero también a los pilotos de la Luftwaffe, que afrontaban largas misiones para bombardear objetivos británicos. El objetivo es que no se quedaran dormidos en el viaje y para ello recurrieron a enormes cantidades de metanfetamina.

Un estudio de la Oficina de Guerra británica recogido en 2011 por el historiador Nicolas Rasmussen en The Journal of Interdisciplinary History reveló que sólo durante los tres meses que duró el Blitzkrieg, el ataque sin descanso de los bombarderos alemanes sobre el Reino Unido entre abril y junio de 1940, se enviaron 35 millones de tabletas de Pervitin al frente.

Los efectos de estas drogas eran tremendos: se decía que los soldados alemanes podían estar 10 días combatiendo y marchando sin dormir e, incluso, hay recortes de periódicos británicos de la época que hablan de paracaidistas nazis que saltaban «fuertemente drogados, intrépidos y enloquecidos».

O.R. (2019). «La ‘superdroga’ que los nazis daban a sus soldados en la II Guerra Mundial». elconfidencial.com

 

 

 

Es más usada de forma recreativa que medicinal. A las anfetaminas se les suele conocer como Speed y producen una activación descomunal del sistema nervioso, que permite pasar noches sin dormir. Esto hace que sean muy populares en los entornos de ocio nocturno. Por ejemplo, el Éxtasis se popularizó en lo que se conoció como Ruta del Bakalao.  Ésta fue un movimiento de clubbing, entre los clubs nocturnos del área valenciana, sobre todo en la carretera de El Saler (CV 500).

 

Locales de ocio nocturno en la Ruta del Bakalao.

 

 

Pero su consumo puede jugar malas pasadas. Además de las crisis de pánico y las arritmias que pueden producir su consumo, la adicción a éstas tiene las siguientes consecuencias:

 

 

La adicción a las anfetaminas tiene consecuencias graves tales como cuadros psicóticos similares a la esquizofrenia, alucinaciones, una fuerte dependencia psicológica o fases de depresión. A nivel fisiológico genera hipertensión, arritmia, trastornos digestivos y colapso circulatorio, entre otros efectos.

«Los efectos de las anfetaminas». ccadiccionesmadrid.com

 

 

 

La evolución de las drogas en el cine

 

 

Al igual que la mayoría de estereotipos en el cine, como el de género o el de la homosexualidad o la masculinidad, el de la droga evoluciona con el tiempo. Nos encontraremos con etapas en las que la droga era vista como algo inofensiva, de recreo, hasta un temor exagerado a la misma.

 

 

las drogas en el cine
En el Korova Milk Bar servían leche-plus. Leche con velloceta o con dencromina…que es lo que estábamos bebiendo. Eso nos aguzaba los sentidos y nos dejaba listos para una nueva sesión de ultraviolencia.” La Naranja Mecánica (1971).

Los productores no han dudado en utilizar las drogas como protagonistas de sus películas. Han sido usadas para advertir sobre sus riesgos, para reivindicar su consumo responsable o como vehículo para las tramas cómicas más alocadas.

 

 

Si bien es cierto que nos centraremos en el cine americano por el ser el que mayor penetración cultural ha tenido, tocaremos otras filmografías como la española. Ésta, tras el fin de la dictadura, pudo reflejar la verdadera situación de las drogas en la sociedad.

 

 

Los inicios de las drogas en el cine

 

 

Durante el comienzo de la industria cinematográfica en Hollywood la aparición de drogas en pantalla era muy limitada. Un tema tabú para muchos productores. Hay que ponerse en la mentalidad de una época en la que fumar tabaco en público estaba prohibido en buena parte de los Estados Unidos.

 

 

Los Estados quedan fuera del negocio del tabaco

Las películas pueden representar el cambio del siglo XX como una época de salas llenas de humo, pero en realidad ni siquiera se podía recoger un paquete de cigarrillos en muchos estados. En 1900, Washington, Iowa, Tennessee y Dakota del Norte habían prohibido la venta de cigarrillos, y en 1920 otros 11 estados habían promulgado prohibiciones similares.

Algunos estados se apresuraron a prohibir los cigarrillos por la preocupación de que los clientes pudieran estar obteniendo más de lo que esperaban cuando compraron un paquete. Cuando un Tennessean impugnó la prohibición de cigarrillos de su estado ante la Corte Suprema en 1900, los jueces confirmaron la prohibición en parte debido a la preocupación por los cigarrillos adulterados, escribiendo: «[T] aquí hay muchos cuyo tabaco se ha mezclado con opio u otra droga, y cuyo envoltorio ha sido saturado en una solución de arsénico «.

¿Estas prohibiciones pusieron fin al tabaquismo estadounidense? No exactamente. Aunque comprar cigarrillos no era legal en 15 estados, el negocio de los cigarros estaba en auge. En 1901, cuatro de cada cinco hombres estadounidenses quemaban al menos un stogie al día, y los estancos vendían 6 mil millones de cigarros al año. Al igual que la prohibición del alcohol, estas prohibiciones de cigarrillos cayeron gradualmente en desgracia, y después de que Kansas revocó sus restricciones en 1927, los cigarrillos volvieron a ser legales en todos los estados.

Ethan Trex (2015). «7 Historical Bans on Smoking». Mental Floss.

 

 

For his son (1912).

Sin embargo, algunos directores de renombre mostraron el tema de las drogas en pantalla, pero con un tratamiento cómico. Este tratamiento era indispensable para evitar cualquier polémica o prohibición. En 1912 D.W. Griffith rueda For his son (1912), una parodia de la creación de la Coca Cola en la que se muestra el uso de drogas en la bebida.

 

 

En For his son (1912) nos muestra como un hombre desarrolla un refresco llamado «Dopokoke». Éste está realizado con cocaína y se vende como alivio para la fatiga. La bebida es un éxito, pero el hijo del crador se convierte en adicto a ella.

 

 

«For His Son» es una de las aproximadamente 450 películas que D.W. Griffith hizo para la pionera Biograph Company. Sus trabajos incluyen todos los géneros, y las técnicas narrativas que él desarrolló se mantuvo durante dos generaciones. Griffith también era un moralista e hizo muchas películas sobre la locura de la ambición desenfrenada. Hasta que la Ley de Pureza de los alimentos y las Drogas (Pure Food and Drug Act) de 1906 puso fin a la práctica, Coca-Cola en realidad contenía cocaína. Charles Hill Mailes desempeña el papel del doctor, mientras que Charles West interpreta a su hijo.

Ficha de la película For his son (1912) en Filmaffinity

 

 

Como ya he dicho antes, el tema de las drogas fue muy poco tocado en los inicios de Hollywood. No es de extrañar, pues además de la moral de entonces hay que añadir que la mayoría de adictos a las drogas duras se debía por cuestiones médicas.  De no ser por el humor de estos cortos cinematográficos, las películas no se hubiesen exhibido.

 

 

Es el caso de El misterio de los peces saltarines (1916). En ella vemos cómo a Douglas Fairbanks interpreta a un detective que combate el narcotráfico mientras no deja de drogarse él mismo.

 

 

 

 

Otro muestra cómica del uso de las drogas en esta época es Charlot en la calle de la paz o Easy Street (1917). En ésta vemos al personaje de Charlot, interpretado por Charlie Chaplin, inyectándose, por accidente, cocaína, convirtiéndose así en una especie de superhéroe de colosal energía.

 

 

 

 

 

Primeros alegatos contra la droga en el cine

 

 

En 1916, con la Primera Guerra Mundial en marcha, se estrena Drugged Water (1916). Esta película, de la que no he encontrado muestras, denunciaba los peligros de la adicción y sus consecuencias en las familias.

 

 

No obstante, para encontrar los primeros alegatos contra las drogas en películas más vistas tenemos que avanzar hasta la década de 1920. Una década de excesos en los que muchos de los combatientes de la guerra sufrían las consecuencias del abuso de la morfina y el alcohol. Si uno lee obras ambientadas en la primera guerra mundial verá la cantidad de alcohol que los protagonistas tomaban. Esto se puede ver en la novela de Hemingway Adiós a las armas (1929). En el siguiente enlace podéis ver el simbolismo del alcohol en esta obra: amor y evasión del dolor.

 

«Wine is a grand thing. It makes you forget all the bad.»

«El vino es una gran cosa. Te hace olvidar todo lo malo.»

Ernest Hemingway. Adiós a las armas (1929). Capítulo 23

 

 

 

El naufragio de la humanidad (1923).

En 1923 se estrenó Thundergate. Esta ella se narraba una historia de mafias y tráfico de drogas en las que se podía ver el peligro de las adicciones. Fue una de las primeras películas sobre la mafia de la droga. Pero, la más importante de la época muda fue Human Wreckage (1923), conocida en España como El naufragio de la humanidad. La película, que fue bien valorada en la época, es un drama judicial contra las drogas. Apenas se ha conservado partes de la película, pero la más famosa es en la que la productora y actriz Dorothy Davenport rinde homenaje a su marido fallecido a causa de su adicción a los estupefacientes, cuando se dirige al público y manda un alegato contra estas sustancias ilegales.

 

Ya en el cine sonoro, destaca Narcotic (1933). Esta hacía hincapié en el consumo de heroína en los más jóvenes. La imagen en el cartel de una mujer de vestido sugerente amarrada a la jeringuilla tuvo que valer más que mil palabras en la época.

 

 

Mención aparte requiere Gloria y hambre (1933). Ésta es una de las primeras películas que mostraron el dolor que viene tras la guerra. Un hombre que ha de combatir su adicción a las drogas producida por sus heridas de guerra, cuya mujer se muere de forma prematura y tiene que asumir el problema del paro y la exclusión social de regreso al hogar.

 

 

Estos temas que abordó por vez primera Gloria y hambre (1933) fueron esenciales en la creación de otras películas como Los mejores años de nuestra vida, Los violentos años 20 y Qué bello es vivir. Se trata de una de las películas desconocidas que más han influido en la historia de Hollywood.

 

 

Malos tiempos para las drogas en el cine. El código Hays

 

 

A comienzos de la década de los 30, en plena Gran Depresión, los escándalos de las estrellas de cine y un auge en el movimiento puritano, llevaron a que los productores de cine instauraran una autocensura en la que la representación de las drogas iba a quedar muy mermada.

 

 

Las drogas en el cine
Código Hays.

La exigencia de hacer algo contra el cine se agudizó cuando una serie de escándalos relativos a la vida privada de las estrellas sacudieron la industria. El más notorio giró en torno al voluminoso cómico Roscoe «Fatty» Arbuckle. Cuando Arbuckle ocupaba el segundo lugar en popularidad después de Charles Chaplin y se hallaba en la cima de su carrera, una actriz, Virginia Rappe, murió tras una salvaje fiesta hollywoodense ofrecida por «Fatty» en su hotel St. Francis , de San Francisco, en septiembre de 1921.

(…)Los escándalos tampoco se acabaron con Arbuckle. Cuando el director William desmond Taylor fue encontrado asesinado en febrero de 1922, una serie de artículos en primera plana revelaron una vida plagada de drogas y sexo. Norteamérica se quedó atónita cuando el ídolo Wallace Reid murió en enero de 1923 por culpa de las drogas. Incluso la «Novia de América», Mary Pickford, s vio atrapada por las redes del indecoro sexual: su repentino divorcio del actor Owen Moore y su matrimonio con Douglas Fairbanks (velozmente tramitados ambos en marzo de 1920), sorprendieron al país. La conducta de las estrellas y el contenido de las películas confirmaron la opinión de sus detractores: Hollywood era una Babilonia moderna.

Gregory D. Black (2012). Hollywood censurado. Akal Cine.

 

 

En 1930 el senador Will H. Hays estableció unas normas de moralidad para la producción de películas. En 1934 se empieza a aplicar estas normas, conocidas como Código Hays.  En él se establecían unos preceptos dirigidos a preservar la moral de los filmes, y se enumeraban unos preceptos sobre cómo debían mostrarse y tratarse ciertos temas en pantalla como la violencia, el sexo, las drogas, etc.

 

 

El tema relativo a las drogas sen encontraba en el apartado «crímenes» del Código Hays. Se puede leer lo siguiente: «El tráfico clandestino de drogas y usó de éstas no serán mostrados, en ningún film».  Además había un apartado específico para el alcohol que decía: «El uso de alcohol nunca se debe representar de manera excesiva. En las escenas de la vida americana, las exigencias de la trama y de una pintura satisfactoria de los personajes pueden sólo justificar su existencia. E incluso en ese caso, el realizados deberá dar pruebas de moderación».

 

 

Es por ello que las películas realizadas antes de la puesta en marcha del código (cuya vigencia, aunque con menos fuerza, se mantuvo hasta los años 60) tengan un enfoque más adulto que las posteriores. A estas películas se las conoce como películas pre-code o precódigo. A los dibujos animados también se les impuso. Os dejo un documental sobre el mismo.

 

 

 

 

Pero volvamos a la historia. El código Hays redujo a los drogas en pantalla y en la época de mediados de los trenta sólo se podían encontrar en filmes de serie b y bajo presupuesto. Una de las películas que más se recuerdan de este periodo en Reefer madness(1936), y digo que ser recuerda porque siempre se pone de ejemplo para mostrar cuán lejos puede llegar el moralismo en pantalla. En la carrera pudimos ver secuencias de esta película y reímos bastante.

 

 

En Reefer madness se nos muestra un grupo de jóvenes que caen en una espiral de violencia tras consumir marihuana. Se ha convertido en una película de culto porque su escaso conocimiento de los efectos del cannabis han hecho de ella una de las películas propagandísticas más exageradas y cómicas de la historia. Por ejemplo podemos ver escenas en las que un chico fuma maría y después siente la necesidad insaciable de montarse en su coche y conducir a toda pastilla a pesar del peligro. De hecho, uno de los lemas publicitarios del filme era el siguiente: «la marihuana convierte a los hombres en criminales y a las mujeres en prostitutas». Ahí es nada…

 

 

Se hicieron bastantes de estas películas, como Marihuana (1936). En esta la trama también peca de exagerada. Una joven,Birmania, acude a una fiesta en la playa con su novio donde fuma marihuana junto a otras chicas. En esa fiesta ella queda embarazada, y otra de las chicas se ahoga en el océano al bañarse desnuda. Como necesitan dinero para cuidar del niño, Birmania y su novio entran a trabajar en el tráfico de drogas. No obstante, durante una operación de venta el novio es asesinado, y ella ha de dejar en adopción a su bebé y sobrevivir como una traficante de poca monta.

 

 

La imagen de los consumidores de drogas en el cine empieza a cambiar

 

 

Estas películas moralistas y sensacionalistas perduraron hasta la década de los cincuenta. Sin embargo, en 1945 una película mostraba a un adicto, un alcohólico, de una forma diferente. Lo mostraba como a un ser humano más. Un ser humano vulnerable, cargado de remordimiento y vergüenza, pero sin menospreciarlo. Ésta no era otra que Días sin huella.

 

 

En Días sin huella (1945), se nos narra la historia de Don Birnam, un escritor fracasado que ha caído en un severo alcoholismo. Ésta adicción se nos muestra de forma cruda, como nunca antes, algo que no gustó a la crítica de su momento aunque se alzara con cuatro estatuillas en los Óscars.

 

 

 

 

Billy Wilder rompió los moldes de Hollywood con la historia de un escritor aspirante a ser uno de los grandes, que es incapaz de escribir sin beber una gota; lo que le hace caer en una espiral autodestructiva, de la que sus seres queridos se ven incapaces de sacarle.

 

 

Así muestra el protagonista su predilección por el alcohol, el dueño de su vida:

 

 

Puede que me destroce el hígado, pero ¿qué le hace a mi cabeza? Soltar el lastre para que el globo se alce… dejo de ser un tipo corriente, ¡Soy uno de los grandes genios! ¡Cruzo las cataratas del Niágara como un funámbulo, ¡Soy Miguel Ángel modelando la barba de Moisés! ¡Soy John Barrymore antes de que el cine lo ahogara! ¡Soy Jesse James y sus dos hermanos! ¡Soy William Shakespeare! Y aquello de allí afuera ya no es la tercera avenida… ¡Es el Nilo! Por él se desliza la barcaza de Cleopatra.

Billy Wilder y Charles Brackett (1945). Días sin huella. Paramount Pictures.

 

 

 


Llegan nuevas drogas

 

 

Cuando empezó el cine, muchas de las drogas que existen hoy en día no existían. Como hemos visto en el apartado de la historia, el LSD se probó por primera vez en los años cuarenta, y no fue hasta la década de los cincuenta que el cine lo retrató.

 

 

En 1954 Kenneth Anger dirigió el mediometraje Inauguración de la Cúpula del Placer, la primera apología cinematográfica de las drogas alucinógenas. Se trata de un filme experimental con un argumento fuera de lo normal:

 

 

Una convención de magos asume la identidad de dioses y diosas en una orgía dionisíaca. Lord Shiva, el mago, despierta. La Mujer Escarlata, la Puta de los Cielos, fuma un gran churro; Astarté, de la luna, trae las alas de nieve; El Fauno ofrece las uvas de Baco; Hécate aporta los hongos sagrados, la salvia y la bebida de ajenjo. Llenan las copas con la pócima de Hécate. Lord Shiva envenena la copa del Fauno. La orgía empieza: la Enmascarada Mágica, en la que El Fauno es el premio. Lady Kali bendice los rituales de Los Niños de la luz mientras Lord Shiva invoca a los dioses con las palabras mágicas: “La Fuerza y el Fuego”.

Sinopsis de Inauguración de la Cúpula del Placer (1954) en su ficha de Filmaffinity.

 

 

 

 

 

 


 

Como decíamos, el tratamiento de las drogas empieza a cambiar a finales de los cuarenta, pero fue en los cincuenta que la normalización de éstas en la pantalla empieza a ser una realidad. Sobre todo gracias a una película de 1955, El hombre del brazo de oro.

 

 

En la película nos encontramos con un recién rehabilitado de su adicción a la heroína, que debe volver a su hogar, las mismas calles, garitos y personas que le hicieron depender de la droga. Una filme de recaídas en el abismo y superación. Una historia que se mostraba en el cine de forma directa y sincera, sin pretensión moralista. El hecho de mostrar el síndrome de abstinencia sin tapujos hizo de la actuación de Frank Sinatra uno de sus mejores trabajos.

 

Las drogas en el cine
El hombre del brazo de oro.

 

 

El libro Lo que Sócrates diría a Woody Allen (2003), que usamos en las entradas sobre filosofía y desamor, dedica un capítulo a ésta película. Con ella explica cómo combatir la falta de voluntad, y hace un paralelismo con la historia de Ulises y las Sirenas de La Odisea.

 

 

Frankie acude al nuevo apartamento de Molly a pedirle dinero para pincharse; le suplica, trata de engañarla diciéndole que será la última vez. Molly se niega y le propone, en vez de eso, convertirse en su carcelera, mantenerlo encerrado en su apartamento, sin drogas y sin objetos con que autolesionarse o lesionarla a a ella, hasta que se le haya pasado el «mono». Frankie , tras algunos titubeos , accede,  ambos acuerdan que ella desatenderá sus súplicas y sus furores mientras él esté bajo los efecto del retiro de la droga.

(…)Una artimaña semejante a ésta, y destinada también a suplir la falta de autocontrol que se avecina en el futuro con el heterocontrol ya en el presente, la empleó Ulises al cruzar el país de las sirenas. (…) Es un interesante ardid para hacer frente a los problemas de falta de voluntad, ¿no cree? Básicamente, es el mismo que emplean el alcohólico que entra por su propio pie en una clínica de desintoxicación, en la que se sabe que la bebida va a quedar fuera de su alcance…

Juan Antonio Marina (2003) Lo que Sócrates diría a Woody Allen. ESPASA CALPE

 

 

 

El hombre del brazo de oro hizo que el Código Hays se tomara menos en serio, sobre todo en el tema de la droga. Se comenzaron a realizar películas desde se destacaban los problemas sociales y mentales que acarrean el consumo de drogas. Películas como Un sombrero lleno de lluvia (1957) que mostraban los problemas de la adicción a la morfina, y que ayudaron a normalizar la representación de las drogas en el cine.

 

 

No obstante, aún quedaba mucho para una representación sin prejuicios sobre los consumidores de drogas. Fue en ésta época, a finales de los 50, que se pusieron de moda las películas sobre rebeldes juveniles. En éstas las drogas ren importante tanto en el desarrollo de los personajes como en el de la trama, y los consumidores eran mostrados como monstruos sin escrúpulos.

 

 

La contracultura de los años 60.

 

 

Durante la década de los 60, el movimiento hippie abrió muchas mentes respecto al consumo de drogas, y el cine se hizo eco de ello. Fue en esta época que se empezaron a estrenar filmes que mostraban las drogas sin intención moral, sino que se centraban en su faceta más espiritual. La más importante de éste tipo fue The trip (1967), que narra un «viaje» de LSD. Tuvo bastante éxito y, gracias a ella, aparecieron más películas del estilo como The Love-Ins (1967).

 

 

Una curiosidad de The trip es que está escrita por el actor Jack Nicholson y que fue la primera película en hablar de forma abierta sobre el LSD.

 

 

Durante los sesenta también aparecieron un tipo de películas nuevas y chocantes: las películas mondo. Éste tipo de películas se asemejaban a los documentales de ficción y se mostraban las costumbres de tribus salvajes del Tercer Mundo. Pero, gracias a su éxito, se expandió a retratar la vida de las comunas hippies.

 

 

Las películas de los jóvenes rebeldes continuaron, pero más explícitas. Es decir, con más violencia, sexo y drogas que antes. Un ejemplo de éstas es Pasaporte a la locura (Psych-Out)  (1968). Ésta nos muestra la historia de Jennie, una joven fugitiva con problemas de audición que viaja hasta San Francisco, lugar hippie de referencia, para encontrar a su hermano. En la ciudad californiana conoce a una banda de música psicodélica, y empieza a compartir su estilo de vida hippie.

 

 

Al final de la década de los sesenta se estrenó Easy Rider (1969), una película que supondría un paso más para la normalización de las drogas en el cine. Un filme que demostraría, con su éxito, que el público demandaba un nuevo tipo de cine.

 

 

La firmaron un par de moteros descarriados, Peter Fonda y Dennis Hopper, costó menos de 400.000 dólares y su recaudación superaría los 60 millones, demostrando que el cine contracultural podía ser, además de espectáculo estimulante, un estupendo negocio. Arranca con el traslado de un alijo de cocaína de México a Los Ángeles e incluye en su recta final una extraordinaria escena lisérgica en el cementerio del Barrio Francés de Nueva Orleans, con Fonda y Hopper delirando entre nichos y féretros bajo los efectos del LSD.

Miquel Echarri (2019). «Un siglo de drogas y cine en 15 películas». elperiodico.com

 

 

 

 

La importancia de Easy Rider en la historia del cine va más allá de su representación de las drogas. Fue una película de importancia capital en el paso hacia el Nuevo Cine Estadounidense,  y cuenta con una de las bandas sonoras más recordadas de la historia. Ésta cuenta con temas de las bandas y artistas más populares de la época, como Jimi Hendrix y The Band, quienes cedieron los derechos de sus canciones, algo que simpatiza con el carácter libertario de la película.

 

 

Las drogas en el cine a partir de los 70

 

 

La mayoría de los grandes directores de cine clásico han desaparecido para mediados de los 70. El cine y la vida son diferentes. El sentirse perdido es algo que se refleja en el cine moderno. Podemos verlo en las primeras películas de Wim Wenders, como Alicia en las ciudades (1974) y En el curso del tiempo (1975)Ya no hay código Hays que valga y la representación de las drogas se ha normalizado a grandes pasos.

 

 

En ésta década se empieza a tratar el tema de las drogas en distintas vertientes, de las que destacan tres:

 

 

– Películas de acción que muestran la lucha contra el narcotráfico.

Algunas de éstas se hicieron muy populares como The French Connection, contra el imperio de la droga (1971); una película que se hizo con cinco Oscars y dejó para el recuerdo una de las mejores persecuciones de la historia del cine. Para destacar el buen trabajo de Gene Hackman y la aparición estelar del actor español Fernando Rey.

 

 

 

-Películas comerciales. Dramas, muchos de ellos románticos, que buscaban lograr el máximo de público al tratar con seriedad el tema de las drogas.

 

 

Destacó en su época Pánico en Needle Park (1971)

 

 

Además de una tragedia romántica de mucho calado, la de Jerry Schatzberg es una elocuente oda a una de las múltiples generaciones perdidas de adictos a la droga, la de los que se engancharon a la heroína en el Nueva York de finales de los 60. Con guion de ese extraordinario tándem que formaban Joan Didion y su marido, John Gregoy Dunne, la película muestra el gradual proceso de caída en la adicción y desconexión del mundo que sufre una pareja de novios (Al Pacino y Kitty Winn) y que corre en paralelo al brusco deterioro de un entorno urbano, una plaza del Upper West Side de Manhattan, transformado en territorio yonqui.

Miquel Echarri (2019). «Un siglo de drogas y cine en 15 películas». elperiodico.com

 

 

 

-Películas de cine independiente, realizadas por artistas como Andy Warhol. Éste produjo una trilogía compuesta por los títulos: Flesh (1968), Trash (1970) y Heat (1971), dirigidas por Paul Morrisey, donde los ambientes marginales se relacionan con la presencia de drogas. Unas películas que impactaron mucho en la cultura neoyorquina del momento, debido a sus desnudos y tratamiento de temas anteriormente tabú.

 

 

 

Los ochenta, una generación perdida

 

 

En el apartado de la historia de la droga hemos visto cómo el consumo de heroína y cocaína se convirtió en un problema considerable para muchas sociedades europeas. El cine recoge éste drama social de diversas maneras, pero siempre haciendo hincapié en el dolor y la marginalidad que crean las drogas y su adicción.

 

 

Una de las películas más famosas de principios de los ochenta fue Yo, Cristina F. (1981), una película alemana sobre la degradación que producen las drogas.

 

 

 

 

Yo, Cristina F. narraba la historia de una chica de 14 años que ansiaba tener una vida más excitante que la que tenía en un piso colmena de Berlín, donde vivía con su madre. Cristina sueña con ir a la discoteca más popular de Berlín, y no duda en colarse dentro con una amiga. Allí conoce a un chico, Detlev, del que se enamora; un chico que trapichea con drogas. Para no quedarse rezagada ante su novio, Cristina empieza a consumir drogas hasta que se queda enganchada a la heroína. Cristina sufre se mete de lleno en el mundo de la degradación,  hasta ha de prostituirse para poder pagarse la droga.

 

 

De algún modo se asemeja a la idea de las películas de los 30, donde se intentaba moralizar. Pero aquí no hay esa intención. Se muestra la realidad de una forma cruda, pero eso es lo que es.

 

 

Esta corriente se asemeja a la del cine quinqui del que ya hablamos en la entrada de la Transición. Es por ello que no podemos dejar de mencionar películas como El pico (1983), de Eloy de la Iglesia. Una película dura sobre la adicción a la heroína de dos jóvenes. Una representación de parte de la juventud española; de una generación perdida.

 

El pico (1983).

 

 

¿POR QUÉ VERLA?: Aunque técnicamente cuestionable, EL PICO es de esas pocas películas que se atreve a mirar a la adicción directamente a los ojos. No añade efectos de ningún tipo y esquiva los tópicos con suma facilidad. Con EL PICO, el espectador acude a la representación más sincera y dramática de la heroína; si TRAINSPOTTING te pareció dura, EL PICO lo es más. Con escenas, también de bebés, que dejan en pañales (literalmente) al conocido momento de la película de DANNY BOYLE, EL PICO no es una cinta de fácil digestión. Como el protagonista de la cinta, el espectador se ve inmerso casi si darse cuenta, en la trágica adicción a la heroína.

Víctor Camarero (2015). «Cine comprometido: las drogas en el cine». elpalomitron.com

 

 

 

Otra película española de la época que trataba el tema de las drogas es la inclasificable Arrebato (1980), de Iván zulueta. Un filme vanguardista que narraba la vida de un director de serie B que pasa por una crisis personal y profesional, adicto a la heroína.

 

 

Las drogas en el cine
Sid Y Nancy (1986).

También se empiezan a realizar biopics sobre figuras populares que murieron a causa de las drogas. Podemos destacar dos notables películas. La primera, Bird (1988), sobre el gran saxofonista de jazz Charlie Parker. Y, la segunda, Sid y Nancy (1986), sobre la pareja formada por Sid Vicious, el bajista de Sex Pistols, y Nancy Spungen, quienes entablaron una relación destructiva en el que las drogas eran las protagonistas.

 

 

No obstante, ciertas drogas empezaron a perder connotación negativa. Por ejemplo, la marihuana, cuyo consumo se trivalició en algunas comedias. Fueron famosas las protagonizadas por la pareja cómica formada por Cheech Marin y Tommy Chong. Éstos realizaron una serie de películas protagonizadas por fumetas a los que le ocurrían todo tipo de aventuras.

 

 

 

Los 90, la década de Trainspotting

 

 

En los noventa la tecnología digital entraría en el cine y nos dejaría escenas de música tecno y drogas de diseño. Es difícil olvidar la imagen de Sharon Stone bailando drogada en la discoteca de Instinto Básico (1992). El cine de ésta época muestra cómo los consumidores encajan las mismas en su día a día. Uno que se desquebraja y degrada a medida que la adicción se solidifica.

 

 

Lo podemos ver en el primer éxito de Gus Van Sant, Drugstore Cowboy (1989). En ésta película se muestra la dificultad para salir de la espiral de delincuencia que provoca la adicción a las drogas. Si bien se ha criticado al filme por mostrar algo de romanticismo por éste estilo de vida marginal, fue un soplo de aire fresco en el cine independiente americano.

 

 

En 1995, Kids nos ofreció una de las miradas más íntimas al inicio del consumo de drogas en la adolescencia. La ópera prima de Larry Clark nos mostraba a unos chicos que jugaban a ser mayores; que ignoraban que los actos conllevan consecuencias, y que la vida es más cruda que lo que creían.

 

 

 

En ésta década, en 1996, se estrenó una de las mejores y más populares películas sobre el consumo de drogas. Se trata de Trainspotting, la adaptación de la novela de Irvine Welsh por parte de Danny Boyle. Ésta marcó a una generación que convirtió en película de culto la historia de un grupo de jóvenes escoceses de clase obrera y su relación con la droga, el sexo y la violencia. Una película visualmente eléctrica, muy divertida y, a la vez profunda, con secuencias que ya son parte de la historia más exitosa del cine.

 

 

Danny Boyle acercó la toxicomanía a la cultura pop y la subcultura británica de clase obrera en una película llena de hallazgos visuales extraordinarios, como esa alfombra narcótica que engulle a Ewan McGregor o ese descenso estremecedor a las profundidades del delirio estupefaciente del que se emerge a través de una sucia letrina. El mensaje de la película, si es que pretende tener alguno, queda sintetizado tal vez en la perplejidad con que los heroinómanos veteranos se asoman hacia el final de la película un nuevo mundo que ya no comprenden, el de las generaciones más jóvenes que la suya y sus drogas de diseño.

Miquel Echarri (2019). «Un siglo de drogas y cine en 15 películas». elperiodico.com

 

 

 

 

Y de éstas drogas de diseño son de las que habla Miedo y Asco en Las Vegas (1998), uno de los últimos viajes del siglo a las drogas alucinógenas.

 

 

Las drogas en el cine del siglo XXI

 

Sólo dos décadas han pasado del presente siglo y ya tenemos algunas cintas sobresalientes sobre el consumo de droga. En el siglo XX, las películas sobre drogas tienden al retrato psicológico de sus consumidores. Las adicciones sirven para reflexionar acerca del rumbo que ha tomado la sociedad. Las drogas se muestran como un descanso, una salida, a un mundo en constante cambio.

 

 

De éste tipo de películas encontramos algunas tan populares como Réquiem por un sueño (2000). La adaptación de la novela de Hubert Selby Jr se adentró en lo destructivas que pueden ser algunas obsesiones y adicciones, como es el caso del personaje de Ellen Burstyn y su adicción a las pastillas para adelgazar.

 

 

La película contaba con un montaje acelerado, muy efectivo para mostrar las alteraciones de conciencia que producen las drogas, y los estados de ansiedad y depresión que le siguen.

 

 

Un montaje eléctrico, como el que nos ofrecía la monumental Ciudad de Dios (2002), de la que me atrevo a decir que es de las mejores películas de la historia. Ciudad de Dios nos acercaba al mundo de las favelas brasileñas y el contacto de sus habitantes con la droga y la marginalidad que éstas crean.

 

 

También encontramos muchos thrillers policiales, al igual que en los setenta, sobre la lucha contra el narcotráfico. Alguno de ellos se convirtieron en éxitos de taquilla y crítica como Traffic (2000), Training Day (2001), y muchísimas series de televisión como Fariña, Narcos y The Wire.

 

 

 

Reflexiones

 

 

Las drogas han convivido junto a nosotros durante milenios. Los estereotipos e ideas asociadas a ellas han evolucionado en el tiempo; desde la exageración y amenaza, hasta el recreo, pasando por la marginalidad que crean. En la sociedad en la que vivimos, y las siguientes generaciones que nos precederán, aparecerán nuevas drogas y nuevas formas de adicción que, en un futuro veremos en el cine; adicciones a las redes sociales, a los teléfonos móviles y a nuevas drogas de diseño.

 

 

Ángel Cuesta Bascón

Marzo 2020

 

 

 

Bibliografía

 

 

 

 

 

 

 

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